TODO ESTÁ GUARDADO EN LA MEMORIA
Nombres que atesoramos
Marcelo Marcolín
Recordamos aquí al poeta
Marcelo Marcolín, uno de los artífices de la revista subterránea Antimitomanía,
quien falleció el 3 de setiembre de 2011. Recordamos su trayectoria
reproduciendo la crónica del periodista quilmeño Chalo Agnelli, y recomendamos
visitar los sitios donde los poemas de Marcelo siguen brillando para todos
nosotros.
Marcelo Marcolín – No hay
silencios si hay poesía
Crónica de Chalo Agnelli
De paso por Mar del Plata me
enteré que el 3 de setiembre había muerto Marcelo Marcolín. Pasada la
consternación lógica, mascullando el desasosiego que nos deja la partida de
alguien con quien alguna vez compartimos momentos y situaciones, envuelto en
una nueva orfandad, pensé en su vida en la poesía, en su supuesto
silencio y recordé el cuento “Pablo”, escrito en 1973 por Elsa Isabel
Bornemann, en el que un pueblo se queda mudo porque “las palabras habían perdido
su ángel guardián” y fue una niña que las devolvió repitiendo los versos de
Pablo, el poeta.
Marcelo Marcolín era un
poeta sin pausas de silencio, sus palabras se escurrían de las emociones que
atraviesan a los hombres en la vida; a unos los despabilan a otros los abaten.
Él era de los primeros. Fue miembro de la
llamada Generación Subterránea Argentina, nacida, también, en el verano de
1973, cuando el país se preparaba para derrocar otra dictadura. En una memoria
sobre el poeta santafecino Rubén Vedovaldi, Marcolín define: “La generación
subterránea en su faz poética produjo un quiebre a partir de la restauración de
la democracia […] fue parte de una realidad tan difícil y dolorosa
de la Argentina que
tal vez ahí resida el ocultismo a la que fue condenada […] El
under fue, más allá de lo literario, una forma de vida, un estilo de ver las
cosas, de analizar los hechos, de tomar partido hasta la última gota de
aliento.
Marcelo nació en Buenos
Aires en 1957. Editó diversos boletines poéticos de distribución subterránea:
“Artemisa”, “Igni”, “Manifiesto”, “El lagarto press”, “El ojo de la ballena”,
este último de extensa difusión, y “Río de la Plata ”. Formó parte del equipo editor
de la revista “Antimitomanía” y de la editorial “La cebra dormida”. Sus autores,
entre otros, eran Jack Kerouac, Jorge Boccanera y nuestro Carlos Patiño, con
quien mantenía una sincera amistad; su música pasaba por Sabina y seguía fiel a
Bob Dylan y a Spineta; música impostada de poesía.
Sus poemas residen en ediciones
de nuestro país y del exterior. Participó en las antologías: “Poesía 80”,
“Poemas para el alba próxima”, “Anuario Antimitomanía”, “Poemas para Nicaragua
libre” y “Poemas de un peso”. En forma individual publicó: “Breves” (1976), “La
primera letra” (1977), “El fantasma y los otros” (1978), “Las mieses
de junio” (1979), “La coronación del príncipe mudo” (1980),
“Matecocido” (1984), recopilación de poemas realizados en el período 1980-1983,
“La primera letra”, “Ángeles clandestinos”, “Siestas de Wincofón” (1999),
"Estrella de sal" (2001), “Esperando el último tren a
Cañuelas” (2002), "El viejo automóvil de los sueños" (abril de
2005) y su último libro"Otros elefantes de regreso a la constelación de
Orión" (setiembre de 2009). Realizó numerosos plegables, entre ellos, “A
escena” (1986). Versos suyos fueron seleccionados por Daniel Serra para la
publicación colectiva“Poesía y Poetizar (2011). En 1985 recibió el
premio Zargazazú. Con la lectura de sus poemas visitó distintas ciudades.
Fue un militante social y
humano, promediando
los 80 compartió con otros quilmeños la creación local de la Asamblea Permanente por
los Derechos Humanos (APDH). Tuvo cargos públicos de los que salió
maltrecho por la flojera y la mezquindad de algunos politiquillos, pero su
trabajo por “el decir” fue intenso: colaboró en medios gráficos y radiales como
columnista; participó en las revistas digitales: “Estación Quilmes, “Poesía del
mondongo”, “El Muro, la guía cultural de Buenos Aires” y “Argensubte” de Miguel
Grinberg, blog dedicado a la recopilación de las llamadas "ediciones
subterráneas" de Argentina de mediados de los años 70 a mediados
de los años 80.
Intervino en la revista
oral "Piedra de Toque”de la Sociedad Argentina de
Escritores, filial sur. Fue parte del movimiento literario “Isabel
Pallamay” y fue director editorial de la revista “El pez en el cielo”
(2009), como se denominaba su blog, sustanciado por el epígrafe: “Cuando
la lluvia llegue hasta aquí nos daremos cuenta lo hermoso que es que ella baile
sobre tu cuerpo. Lo demás, ahora sí, será futuro.”
Comentando el libro “Esperando
el último tren a Cañuelas” (2002), escribió Marcos Silber “La actitud
poética de Marcelo Marcolín calza el número preciso de esa aspiración. Como escritor
que mira de frente la contemporaneidad, no esquiva nada que roce siquiera
tangencialmente la suerte de la especie humana. La palabra de Marcelo Marcolín
es la de quien honra la palabra con la poesía, es decir con la expresión mayor
de la dignidad creativa.”
Estaba casado con Diana
Moya, psicopedagoga, y tenían tres hijos. El domingo 13 de noviembre en el “Ríe
Bar Cultural” de Bernal, el poeta Carlos Patiño, Valeria Assenza Parisi y
Fernando Delgado del blog “Estación Quilmes” (http://estacionquilmes.blogspot.com)
organizaron un homenaje a Marcelo con “Poesía y Blues”, en el que se reunieron
poetas de aquí, de allá y de muchos otros sitios que recordaron con poemas de
Marcelo y los suyos propios al imperecedero amigo de la palabra que acaba de
irse, abrió el acto el escritor - poeta librero Néstor Arias con quien
proyectaban crear una editorial y lo cerró el mismo Patiño que dio paso al
Blues. Nada mejor para el homenaje.
Marcelo Marcolín tenía 54 años
y un montón de poesía que desgranar todavía, pero este silencio es ilusorio,
siempre habrá una niña, un joven, una mujer esperanzada, un hombre sosegado que
apartarán el silencio repitiendo los versos de Marcelo.
Algunos sitios para disfrutar
la poesía de Marcelo Marcolín:









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